3 jun. 2009

Veronika decide morir.


Cuando yo aún era joven y ejercia la profesion de abogada, lei cierta vez a un poeta inglés y una frase de él me impactó mucho: 'Sed como la fuente que se derrama, y no como el tanque que siempre contiene la misma agua'. Siempre pensé que él estaba equivocado: era peligroso derramarse porque podemos terminar inundando zonas donde viven personas queridas, y ahogarlas con nuestro amor y nuestro entuciasmo. Entonces procuré comportarme toda la vida como un tanque, nunca yendo más alla de los límites de mis paredes interiores.
Sucede que por alguna razón que nunca entenderé, padecí el Síndrome de Pánico. Me transformé en exactamente aquello que había luchado tanto por evitar: en una fuente que se derramó e inundó todo a mi alrededor. El resultado de eso fue mi internación en Villete.
Después de curada volví al tanque y los conocí. Les estoy agradecida por la amistad, el cariño y tantos momentos felices que me han dispensado. Vivimos juntos como peces en un acuario, felices porque alguien nos echaba comida a la hora exacta y podíamos, siempre que deseabamos, ver al mundo exterior, a través del vidrio.
Pero ayer, por causa de un piano y de una mujer que ya debe de estar muerta hoy, descubrí algo muy importante: que la vida aqui dentro era exactamente igual a la vida allí afuera. Tanto allá como aquí las personas se reúnen en grupos, levantan sus muros, y no dejan que nada extraño pueda perturbar sus mediocres existencias. Hacen cosas porque estan acostumbrados a hacerlas, estudian asuntos inútiles, se divierten porque estan obligadas a divertirse, y que el resto del mundo reviente y se las arregle por si mismo. Como máximo contemplan el noticiario de la televisión, sólo para tener la confirmación de lo felices que son en un mundo lleno de problemas e injusticias.
O sea: la vida de La Fraternidad es exactamente igual a la vida de casi todo el mundo en el exterior: todos evitando saber lo que se encuentra más alla de las paredes de vidrio del acuario. Durante mucho tiempo eso fue reconfortante y útil. Pero la gente cambia y ahora voy en búsqueda de la aventura, a pesar de tener sesenta y cinco años y ser conciente de las muchas limitaciones que esta edad me impone. Me voy a Bosnia: hay gente que me espera alli, aunque no me conozca y yo tampoco la conozca. Pero se que soy útil y que el riesgo de una aventura vale mil días de bienestar y confort.

Veronika decie morir, Paulo Coelho.

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