16 jun. 2009


No olvidaré nunca la primera vez que me dijiste que la vida no es justa. Yo seguía prguntando por qué insistentemente. Tú sólo me miraste con cierta condescendencia mientras añadías que cuanto antes lo aprendiera sería mejor para mí. Yo continué esgrimiendo razones en contra, palabras que se caían antes de llegar a tus ojos. Tú seguías mirándome impasible. Y yo cada vez más inquieta, exhorte: -¡Pero la vida debería ser justa! . Entonces me cogiste de las manos, mientras sentías que el peso que el futuro cargaría más adelante sobre mi cuerpo. - Cariño, ¿quién te engañó diciéndote que la vida es justa? Y no sé quien me engañó, pero cuánto me cuesta sentir que no lo sea ...

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